Psicoanalizando a Alexis Iparraguirre

El presente es un breve test psicoanalítico-literario elaborado por reconocidos especialistas en el arte de la inquisición. Con este examen buscamos introducirnos en los confines más apartados de la mente de...

El presente es un breve test psicoanalítico-literario elaborado por reconocidos especialistas en el arte de la inquisición. Con este examen buscamos introducirnos en los confines más apartados de la mente de Alexis Iparraguirre y revelarle que no se encuentra solo, que todo lo que ha hecho hasta el día de hoy tiene una justificación inconsciente que tarde o temprano lo llevará a la inmortalidad enciclopédica o a una celda en un centro de reposo.

 

2016 tapa iparraguirreFlotas en una cápsula de escape en el espacio, contigo tu más reciente libro de cuentos y un clavel artificial, ¿cómo se titula el libro y quién lo editó?

Me sacas de una charla con el clavel. Pero como esto es una cápsula de escape donde también estás de polizón, y la soledad es larga y el espacio profundo, te contesto encantado. Mi segundo libro de relatos se llama El fuego de las multitudes y lo editaron Emecé Cruz del Sur en Lima y Sudaquia Editores en Nueva York, a mediados de año.

¿Hace cuánto que ese libro y tú se conocen?

Nos conocimos del Máster de Escritura Creativa de NYU. Estuve tanteando otros libros, tú sabes, eso de andar juntos y conocerse, pero nada pasó a mayores. Estos cuentos me guiñaron el ojo, sin embargo. Hubo química. Primero, fue en los talleres de narrativa del máster. Luego me los traía a casa, veníamos muy pegaditos y al final me metía a la cama con ellos y la pasábamos magnífico, haciendo mil piruetas hasta el amanecer. Ahora, nos comprometimos oficialmente cuando salí del máster. Fue mi tesis. Pero Manuel Fernández, cuando la vio, me dijo que tenía carita de “El fuego de las multitudes” y así quedó. Es una línea muy linda del último cuento y yo de solo mirarla estuve de acuerdo.

¿Cómo sería tu vida si El fuego de las multitudes fuera un libro de un tal Murakami Haruki?

Si El fuego de las multitudes fuera obra de Murakami, los cuentos tendrían muchos hombres despistados y deprimidos. Y también esas mujeres habladoras, que explican todo y que en medio de una conversación deciden que deben de hacerle el amor al hombre como por aburrimiento, como quien se lava las manos porque no hay otra cosa mejor que hacer, o quizás esas que les gusta atormentar a los hombres declarando con naturalidad la inminencia de ese coito. A Murakami le importa mucho eso en lo que le he leído, a veces a costa del libro. Entonces, yo no leería ese libro y mi vida tendría un libro menos.

El clavel artificial que te acompaña abre los ojos y te pregunta por el personaje más fascinante de tu libro. Descríbelo para nosotros, por favor.

Me encantó escribir a la antropóloga que se ha vuelto experta en administrar comisiones de la verdad. De una amiga de la época de la universidad le coloque el gusto por la mariguana para desestresarse. De una activista de derechos humanos a la que odio cuando da declaraciones ese delirio por hablar ferozmente, gravemente de su tema sin tregua; de un intelectual que conocí le puse esa sospecha medio paranoica de que es una farsante, de que el verdaderamente inteligente es un asesor suyo, alguien que investigaba en su lugar. Y su voz de monólogo, de letanía, quería ser un homenaje lindo a los políticos hablantines y solitarios de García Márquez.

Ya que se ha iniciado un diálogo, ¿qué le dirías al clavel (por cierto, no te lo había mencionado antes, pero estás desnudo en la cápsula, acabas de escapar de un laboratorio médico espacial y, bueno, creo que el clavel también está desnudo)?

Le sugeriría que se relaje. Que fluya, que aproveche el tiempo. Y que entienda que no está condenado a ser el clavel masculino, viril. No todo es como dice la literatura. El género es fluido. La poesía española lo condena a ser el macho de la rosa. Puro colonialismo. Si también puede gozar de su flor como de su tallo, que se deje ser y goce.

La siguiente pregunta no tiene ninguna conexión con la anterior, sin embargo es el deber de esta indagación acercarse a la verdad: ¿LEGO o Playmobil?

Lego, por  las películas. Son muy buenas. Y no necesitas saber siquiera que son propaganda de un juego.

¿Murakami Haruki o Murakami Haruki con un clavel artificial en la boca?

Cualquiera de los dos, pero en una cápsula de escape. Me interesaría saber cómo se las ingenia para meter a una mujer que hace el amor como de aburrida.

¿Alguna vez soñaste que eras MacGyver?

No. Siempre me gustaron más Los magníficos. Hay una soledad espacial en MacGyver que nunca resuelve y que lo hace más falso que sus trucos.

Dos ganchos de ropa, una pelota de baloncesto desinflada, una manzana mordida. ¿Qué haría MacGyver?

Dependiendo del humor de los guionistas hasta la Estrella de la Muerte.

Define la palabra “realismo”, si no te importa.

El realismo hoy es, en general, como un escalerita en una fiestita. Arriba están los globos que todos los niños quieren, de muchos colores: la publicación, las ventas, la sensación de hablar cosas que nos importan a todos; además, cuando subes la escalerita todos te miran. Es muy satisfactoria. Pero es una fiestita monótona, con los mismos gestos, plagada de tics. Las mamás que aplauden, los globos que se bajan, la tortita de chocolate de la misma panadería. Como estar en esta cápsula sin el clavel y sin ti. Uno se olvida de esas fiestitas porque con una se dicen todas, a menos que venga un mago realmente desconcertante o si meten veneno por error en la torta y matan al vecinito y tienes para acordarte toda la vida. Pero, claro, eso no suena realista.

¿La literatura acabará con la literatura o es tan solo un rumor?

La fiestita se acabará tarde o temprano y la literatura acabará como todo tiene que acabar. Hoy hay más libros que nunca, y más escritores que nunca. Pero escribir literatura no solo pone palabras bonitas juntas o sentimientos bonitos juntos. Eso lo puede hacer la autoayuda o un bestseller, ambas cosas muy necesarias en la vida y en las cápsulas de escape para no aburrirse.

Finalmente: ¿Por qué en las ficciones distópicas las máquinas tienen tantos delirios de grandeza? ¿Problema de software? ¿Problema de hardware? ¿Ingestión de troyanos?

Alberto Chimal sabe la respuesta. La puso en sus cuentos de robots. Él estaría feliz también en esta cápsula. Para mí, siempre cuando hablamos de robots hablamos de nosotros mismos. Pero no se dice por pudor. Como este clavel heteronormativo, que no deja de flotar de lado, que se hace el que no fluye, pero tiene mucha flor.

 


Alexis Iparraguirre (Perú, 1974) es narrador y crítico literario. Cursó el Máster de Escritura Creativa en Español de New York University (NYU) y en la actualidad es candidato a doctor en Lenguas y Literaturas Hispánicas y Luso Brasileñas del Centro de Posgrados de The City University of New York (CUNY). En 2004 recibió el Premio Nacional de Narrativa de la Pontificia Universidad Católica por su primer libro de cuentos, El inventario de las naves, y este año publicó el volumen de relatos El fuego de las multitudes. Su obra ha sido incluida en antologías nacionales e internacionales.

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