Exorcismos de Flor Canosa

Todo lo que leemos tiene un nacimiento y una matriz. En este espacio, narradores y narradoras de Iberoamérica nos acercan al proceso de creación de su obra más reciente,...

Todo lo que leemos tiene un nacimiento y una matriz. En este espacio, narradores y narradoras de Iberoamérica nos acercan al proceso de creación de su obra más reciente, enlazándonos con la formación de la criatura que alguna vez llevaron dentro de ellos.

 

2016-tapa-canosa-2Lolas | Editorial El Cuervo – Suburbano Ediciones | 2015

 

No tuve un libro en las entrañas y de pronto di a luz. Un libro me parió a mí. Lolas se llama la novela que me parió.

Pasé mis primeros treinta y seis años siendo feto de alguna especie, sin poder precisar de cuál. Flotaba en una placenta donde escribía sin descanso, para mí misma, como escupiendo bilis, porque si las historias se quedan dentro, se pudren y te pudren y rompen ese débil cordón que te ata al mundo. Escribir para no enloquecer. Un lugar común, dicen. Pero dicen tantas cosas… Si lo pienso, era literalmente eso: yo vivía en un lugar común.

Ahí dentro, en el útero calentito de lo conocido, flotaba con los ojos cerrados, los párpados apretados hasta el momento de la vorágine. El Premio Equis de Novela fue como la cachetada que me despabiló del todo. Y ahora era mi obligación abrir la boca y demostrar a todo pulmón que nací para conquistar un pedacito de mundo, de un mundo que desconocía por completo. También nací para ser un poco cursi, lo reconozco.

Lolas, mi libro, me abrió las piernas —como metáfora de puertas, ya que este texto no es más que un enorme cliché que amo, lleno de lugares comunes— al lugar incómodo donde me siento (de sentir y de sentar) ahora. Porque resulta que la novela que me parió me cumplió el sueño que tuve como feto-niño, el sueño de contarle a otro una historia y que otro (el “gran otro”, el “más otro de los otros”, uno de esos otros que no sólo está en otro país, sino que vive otra vida) me leyera desde el anonimato. Bueno, no siempre es anónimo porque existe el lector concreto que te susurra al oído «He leído tu novela», y ahí se presenta un escalofrío que te recorre dulcemente el cuerpo. Pero el lugar incómodo es el del lector oculto, sin rostro, que debe tener mis palabras en sus manos en este momento y yo sin poder mirarlo; eso provoca, desde luego, mariposas en la panza. Es como tener un admirador secreto. O un detractor secreto, nunca se sabe. Es como abrir los ojos y no saber dónde estás. Es como… No, no es como ninguna de esas cosas, pero puedo seguir describiendo sensaciones hasta el infinito, porque para eso fui parida por una novela llamada Lolas.

2016-tapa-canosaNo sé si mi libro me considera una buena hija. Sé que tengo mis rebeldías adolescentes, pero es que tuve que crecer escritora de golpe. Eso sí, Lolas no puede dudar un instante de que lo milito hasta el cansancio. El cansancio propio y el de los demás. Estoy a un ápice de convertirme en Testigo de Jehová de mi novela. En mi libro está “La Palabra” (bueno, miles de palabras, en realidad).

Ahora viene la peor parte: crecer. Mi novela no me permite la inactividad, ya me amenazó al respecto. Quise tomarme un año sabático y viajar por el Sudeste de Asia, pero Lolas fue terminante. No me parió para que ande por el mundo a los tumbos, dando lástima a los peatones. Además, mi libro me presentó a un sinnúmero de escritores y la vara está altísima. Mi padrino me dijo que tenía que tomar muchas cervezas con otros autores y le estoy haciendo caso. Los escritores beben, ese no es un lugar común.

Entonces, por todas las fotos, todas las copas, todos los besos, todas las cartas, todos los partos, todo el tiempo esperado y todo el tiempo perdido, por el Premio Equis de Novela que le dio vida a un libro “colmado de emoticonos invasivos, dudosas relaciones online y amantes momentáneos”, pronto me verán nacer de nuevo. Hay otro libro gestándome, muerto de ganas de parirme; porque, hay que reconocerlo, no soy un feto fácil y vengo con varias vueltas de cordón.

 


Flor Canosa (Argentina, 1978) nació en la ciudad de Buenos Aires. Es egresada de las carreras de Guion y Montaje de la Escuela Nacional de Cine y Artes Visuales. Se desempeña desde hace doce años como Jefe de Trabajos Prácticos en el sector audiovisual (Universidad de Buenos Aires). Ha trabajado como guionista para varios proyectos de canales de televisión de Argentina y Latinoamérica, y es colaboradora autoral de la película independiente Daemonium. En 2015 obtuvo el Premio Equis de Novela Contemporánea con Lolas.

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El feto que tuve en el vientre

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