Exorcismos de Vanessa Núñez

Todo lo que leemos tiene un nacimiento y una matriz. En este espacio, narradores y narradoras de Iberoamérica nos acercan al proceso de creación de su obra más reciente,...

Todo lo que leemos tiene un nacimiento y una matriz. En este espacio, narradores y narradoras de Iberoamérica nos acercan al proceso de creación de su obra más reciente, enlazándonos con la formación de la criatura que alguna vez llevaron dentro de ellos.

 

2016 tapa nunezEspejos | Uruk Editores | 2015

 

Comenzó cuando era niña. Nació un impulso que me hacía tomar el lápiz y formar figuras. Jugaba a escribir. Pero no escribía. Entonces aún no había ido a la escuela y no había aprendido las letras ni nada que se asemejara a un símbolo. Mi dibujo favorito era un gato, formado por dos círculos, visto desde atrás.

No recuerdo cómo aprendí a escribir ni quién me enseñó a hacerlo. Tampoco recuerdo que me haya maravillado aprender. Un día, sin embargo, me descubrí formando sílabas y palabras que alguna relación tenían entre sí.

Luego fue mi mamá la que me obsequió un pequeño diario de líneas tan estrechas que apenas era posible escribir entre ellas. Lo compramos en el primer viaje que hicimos a San Francisco, para la navidad de 1981.

Preferí siempre el lápiz al bolígrafo. Escribí en aquel diario y en las dos docenas posteriores de cuadernos que servirían como tal, sobre todo por las noches, antes de dormirme. Aunque era consciente de que no tenía nada que decir, me agradaba ver mis trazos dibujados sobre el papel.

A los siete años ya me daba cuenta de que, de tanto en tanto, aquel impulso creador resurgía. Entonces disfrutaba escribir con mi pluma fuente, la Pelikan, a la que tardé en llegar porque a la maestra de primer grado nunca le pareció que mi letra fuera lo suficientemente clara. Aún no lo es.

El primer intento de novela surgió a los 14 años, en la Olivetti que había sido de mi abuela y en la que disfrutaba escribiendo en doble copia al carbón. En ella no sólo había comenzado a producir los ensayos que sobre la Odisea y la Eneida requería mi maestra de literatura, sino también ideas sueltas que, sin embargo, nunca llegaban a nada.

Pronto descubrí que una buena historia es muy difícil de sostener. Quizá haya sido aquel el punto en que me descubrí escritora.

Quizá también haya sido por eso que me decanté en un inicio por los cuentos, como una forma de crear (según yo) algo simple. Pronto me di cuenta de que la sencillez en un cuento no existe, que hay una técnica, que hay atajos y que yo debía descubrirlos.

Mi primera obra publicada fue, sin embargo, una novela. Los locos mueren de viejos (2008) fue la primera historia que logré ensamblar, cuyo montaje estimé como la conclusión de todos mis intentos por lograr una trama.

No obstante, entre ésta y la segunda novela que publiqué, Dios tenía miedo (2011), seguí practicando el oficio de cuentista, pues no quería darme por vencida ni quería dejar inconcluso un aprendizaje que, de tanto ejercitarlo, me llevó a escribir dos novelas más, aún inéditas.

Los cuentos fueron pues una forma de mantener viva mi pluma e imaginar historias que, aunque no permitían las digresiones que tanto disfrutaba en las novelas, me obligaban a una concentración que no siempre se me hacía fácil.

Así, en 2015 nació Espejos, una recopilación de algunos de los cuentos intentados y luchados durante los años en que, queriendo aprender el oficio, me debatí frente a la computadora buscando la mejor palabra o el mejor final.

Dispuestos sin orden, sin respeto a fecha ni temática, Espejos es un libro de historias, unas reales otras no tanto, pero todas representan una lucha. La lucha de la brevedad y el manejo de un relato, sin caer en el cliché.

En mi computadora quedaron otras tantas historias sin ver la luz. No sé si algún día la verán. Algunas nunca llegaron a cuajar ni a cobrar forma, otras estaban casi listas para convertirse en cuentos, pero algo impidió su nacimiento o yo no supe cómo. De cada una aprendí cosas, acepté errores, deseché intentos y emprendí nuevas luchas. Quizá si alguien tuviera alguna vez oportunidad de leerlas, descubriría en ellas las puntadas iniciales de un oficio que, estoy segura, nunca terminaré de aprender.

 


Vanessa Núñez (El Salvador, 1973) ha publicado los libros Los locos mueren de viejos (FyG Editores, 2008 y La Pereza, 2015), Dios tenía miedo (FyG Editores, 2011), La caja de cuentos (libro objeto) (Alas de Barrilete, 2015), Espejos (Uruk Editores, 2015), Animales interiores (en coautoría con Frida Larios, 2015), así como varios cuentos en diversas antologías y revistas. Su obra ha sido traducida al francés, alemán e inglés. Es también columnista de la revista de análisis político Contrapoder (Guatemala) y coordinadora de la iniciativa de artistas e intelectuales MirArte. Sitio web: www.nunezhandal.com

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