Psicoanalizando a Rafael Acosta

El presente es un breve test psicoanalítico-literario elaborado por reconocidos especialistas en el arte de la inquisición. Con este examen buscamos introducirnos en los confines más apartados de la...

El presente es un breve test psicoanalítico-literario elaborado por reconocidos especialistas en el arte de la inquisición. Con este examen buscamos introducirnos en los confines más apartados de la mente de Rafael Acosta y revelarle que no se encuentra solo, que todo lo que ha hecho hasta el día de hoy tiene una justificación inconsciente que tarde o temprano lo llevará a la inmortalidad enciclopédica o a una celda en un centro de reposo.


 

T2014 tapa acostae encuentras en una parada de autobús, no recuerdas a dónde vas, pero llevas tu libro más reciente bajo el brazo. ¿Cómo se llama el libro y quién lo editó?

El libro se llama Conquistador, lo editó Fondo Editorial Tierra Adentro y está bara bara para el pueblo, lléveselo, lléveselo, mi marchante, está bueno y por menos de lo que cuesta una cajetilla de cigarros (en NY) cura la calvicie, la disfunción eréctil, desintoxica los riñones, regenera el hígado, ameniza fiestas y posadas y me queda ya no más este libro huerfanito que le ando vendiendo aquí en este camión el día de hoy, llevando la cultura al pueblo. En México lo encuentra en www.educal.com.mx y en EEUU en edición digital en www.amazon.com o en www.elrrafa.com Pruebe una muestra gratis en Kindle. Si no le gusta, le devuelvo el dinero que pagó.

¿Hace cuánto que ese libro y tú se conocen?

Depende a quién le preguntes. Creo que el libro se avergüenza porque quería un autor de esos que se toman su foto de autor en un estudio lleno de libros y no en un bar-estudio fotográfico, todo desgreñado, con la panza de fuera, usando un chaleco anti-balas con la imagen de la Virgen de Guadalupe en el frente. Como a mí me vale madre, yo lo conozco desde hace un resto de tiempo, cuando huía de España como las ratas que huelen que un barco pronto se hunde, en el 2007. Entre lo que vi en España y lo que veía en México al volver, llegué a la conclusión de que un libro así tenía que existir. Y para el 2012 quedó.

¿Cómo sería tu vida si no lo hubieses publicado? ¿Cómo sería la vida de tu familia si no hubieses nacido?

Pues si no hubiera publicado el libro, yo creo que mi vida sería casi igual, pero con menos motivos para el orgullo. Respecto de la de mi familia, no sé, no los conocía antes de nacer. Pero, ahora, pienso que mi padre se podría haber unido al servicio secreto mexicano y haber asesinado a Margaret Thatcher a principios de los ochenta. Tal vez esto tiene que ver con el cactus que acabo de comer para el postre.

En la parada de autobús hay también un organillero y un mono capuchino. El mono te pregunta, con una dicción muy provocativa, por el personaje más fascinante de tu libro. Descríbelo para nosotros.

Es difícil decir quién es mi personaje favorito en un libro de monstruos. La idea era reflexionar sobre qué hace que consideremos a alguien como un héroe, a partir de un grupo de narcotraficantes mexicanos que va a España, emulando a los conquistadores, para dominar el trafico de drogas en Europa.

Entre mis lectores, normalmente el personaje que fascina más es el Chirrinfunflais, que surge de entre las favelas de Monterrey en el Cerro de la Campana para dirigir una pandilla, realizar algunos estudios y subir en las estructuras del cártel hasta los niveles más altos, a partir de donde se arroja a conquistar nuevas tierras para ampliar el imperio. Chiquito, pero picoso, dirige la conquista como uno de los grandes héroes militares.

Para mí la cosa es distinta. Mi personaje favorito es Rufino Pelayo, un ex militar del ejército de USA, nacido en Meoqui, Chihuahua; sencillo, hombre norteño, que acabó metido en estos negocios porque era bueno y porque no tenía otra opción, porque así se jugó la vida. Aunque yo tiendo a favorecer la ideología de que uno está en control de su destino. Situaciones como la violencia en México me hacen darme cuenta de que solo estás en control de tu destino cuando la suerte estuvo de tu lado. Lo que me gusta más de Rufino es que tiene más grises, más complejidades, es un hombre cuyos motivos son transformados por las circunstancias hasta que no los reconoce. Y luego, porque a uno se le cuelan las simpatías

¿Piensas que confesarte con un mono capuchino habla mal de la manera en que entablas conversaciones con extraños?

Pues mira, mejor un mono capuchino que algún otro escritor. En la vida hay que tener estándares.

Al mono capuchino, lo dice ahora saltando sobre la cabeza del organillero, también le interesa hablar sobre una posible novela de tus sueños. ¿Cómo sería esa novela?

La novela que ocupa mis sueños ahora es un poco megalómana. Sueño con la historia de una especie de mesías del desierto, un hombre que después de participar de la tremenda desigualdad e injusticia del México de finales del XIX escoge ser un hombre y no un chacal. Y de todas las maneras en las que ser un hombre y no un chacal lleva al fracaso. En sí, es una novela sobre el asco y la vergüenza que da ser hombre en este mundo y no hacer nada para cambiarlo en un mundo habitable.

¿Y cómo sería esa novela si la novela de tus sueños fuera un organillero?

No tocaría un organillo sino un acordeón. Y usaría sombrero. Y tendría asco y vergüenza de cómo nos chacaleamos sin parar el uno al otro.

¿Crees que el verano es la mejor estación del año?

No, soy un hombre del Norte de México y el verano es una afrenta al universo. Cuando era niño, escuchaba Here Comes the Sun y lo que se me ocurría era esconderme del cabrón. Un día vi a un hombre de más de 150 kg enfundado en un traje negro al mediodía en un día de sol con 49 grados centígrados y 90% de humedad. Era la imagen más triste que se puede ver de una persona prospera. Ahí me di cuenta de que nací en el infierno. Aunque para todos nosotros los condenados queda la cerveza helada. Nada combate las resolanas del infierno como la cerveza helada.

¿Dirías que los buenos escritores son también los más efusivos?

Solo si son capaces de apretarse las gónadas a la hora de escribir (huevos u ovarios, indistintamente, aunque apretarse los ovarios solo funciona en el plan de la metáfora. Tal vez debería usar otra, pero como soy de pueblo, así salí) y poner esa efusión de emoción en cinturón. El arte es una máquina de emociones. Hay que saber utilizarla.

¿Dirías que estamos cerca de un mundo más justo y equitativo para los comerciantes de pieles?

La verdad, no sé. Pero no le veo nada de justo y equitativo para todos los demás.

¿Piensas que se te está tratando de manera cordial en esta entrevista?

No sé qué te lleva a tratarme así de bien. Seguro no me conoces lo suficiente.

¿Por qué te apellidas Acosta, Rafa?

Porque los ancestros de mi padre, por línea paterna ininterrumpida, venían de algún sitio de la Península Ibérica, o porque la gente que bautizó a los ancestros de mi padre, por línea paterna interrumpida, venían de ahí. Unos u otros pueden haber sido judíos, probablemente, o no, pero lo que queda claro es que acabaron en el desierto mexicano antes del aire acondicionado, por lo que alguna clase de menester (o trastorno mental) deben haber padecido.

 


Rafael Acosta (México, 1981) nació en Nueva Rosita, Coahuila. Es autor de las novelas Mosquitos buscando luz (2006), que ganó el Premio Nuevo León de Novela 2005, y Conquistador (2013). Ha gozado de varias becas del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes en su edición de Jóvenes Creadores (2009-2010; 2012-2013). También ha desperdiciado la vida escribiendo y estudiando literatura, en Monterrey, Madrid e Ithaca. Hizo un doctorado en Estudios Hispánicos en la Universidad de Cornell. Actualmente enseña literatura al ladito de la granja de los padres de Superman, en la Universidad de Kansas.

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