Exorcismos de Nicolás Méndez

Todo lo que leemos tiene un nacimiento y una matriz. En este espacio, narradores y narradoras de Iberoamérica nos acercan al proceso de creación de su obra más reciente,...

Todo lo que leemos tiene un nacimiento y una matriz. En este espacio, narradores y narradoras de Iberoamérica nos acercan al proceso de creación de su obra más reciente, enlazándonos con la formación de la criatura que alguna vez llevaron dentro de ellos.

 

2015 tapa mendez 1Cómete a ti mismo | El Cuervo – Suburbano Ediciones | 2014

 

Necesito que escribas sobre el proceso creativo del libro, “…como una breve crónica del niño que pariste…”, me dice el director de esta revista, pero, por más que Leandro Escobar le hizo una tapa tan hermosa, sé muy bien que Cómete a ti mismo no se parece a un niño en nada. En todo caso es una especie de momia, un animal prehistórico embalsamado. Y no solamente no se parece a un niño. Tampoco hubo parto: lo vomité. A lo sumo fue un exorcismo, un bello exorcismo, siendo generosos.

Tenía 23 años cuando escribí la primera versión del libro. Y una mesa repleta de notas tomadas compulsivamente, porque a todas partes iba con birome y papel. La mesa era un caos. Tenía la intención de ordenar todo y empezar a escribir, pero, en lugar de eso, seguía anotando ideas en servilletas de bar, en el dorso de los boletos de colectivo, en volantes entregados en mano en la vía pública, también en libretas y cuadernos.

Hasta que arranqué, después de un terrible golpe que estuvo muy cerca de dejarme fuera del ring; hasta el día de hoy, la situación más difícil que viví. La mesa atiborrada de papeles fue mi refugio y mi salida de emergencia. Así escribí la primera versión, que se llamó Matar a Dios. Pura autobiografía y desesperación, la angustia hecha palabras, ingenuidad y dolor volcados sobre el papel. Hice cuarenta ejemplares con fotocopias recortadas a mano y tapas de cartón atadas con un piolín amarillo y los repartí sin pensar demasiado a quién se los daba. Circularon de mano en mano, nunca más los vi. Era el año 1996. Calculo que me hizo bien, que fue terapéutico.

Unos meses después conocí a un músico que había leído la novela, lo cual me pareció raro porque no teníamos ningún conocido en común. Además, se resistía a contarme cómo había llegado a sus manos. Tuve que insistirle mucho, hasta que el asunto quedó aclarado: se la había dado un kiosquero amigo suyo al que yo le dejaba los borradores para fotocopiar mientras terminaba de escribirla. El kiosquero no solo la había leído sin mi permiso y sin que ni siquiera la novela estuviera terminada, sino que la había fotocopiado y se la había pasado a sus amigos. Fue una buena señal.

Algunas personas mencionadas en esa primera versión no se sintieron del todo respetadas y me hicieron reproches muy razonables, así que antes de mandarla por primera vez a un concurso cambié algunas cosas, entre ellas el título. Empezó entonces un proceso de distanciamiento, la novela dejó de ser estrictamente autobiográfica y apareció Horacio Córdova, el protagonista, una persona que intenta resistirse a todo lo que la sociedad pretende imponerle, que trata de ser justo, contradictorio e interesante mientras la vida lo sorprende con sucesos que no sabe cómo enfrentar: lo meten en la cárcel por amenazar a una famosa conductora de un programa de televisión para niños y después se enamora de una chica que trató de suicidarse.

2015 tapa mendez 2Esta segunda versión se llamó Lavatorio de pestañas y obtuvo una mención especial en un concurso organizado por Editorial Sudamericana, en 1997. Fue otra buena señal.

Quince años más tarde —durante los cuales escribí un ensayo que pretendía revisar intuitivamente nada menos que la historia de la humanidad y una novela malísima llamada El anónimo canto de los caracoles extremistas— decidí darle otra oportunidad. Tuve que digitalizarla de nuevo porque los diskettes con los archivos ya no los leía ninguna computadora. Agregué algunas partes, eliminé otras, encontré el nombre definitivo. Y por fin la mandé en 2014 al Premio Equis.

Quizás se llama Cómete a ti mismo porque encuentro una relación entre cómo la escribí y lo que podría sentir un caníbal en un mundo donde no quedó nadie más que él.

Hoy agarro el libro y no sé exactamente qué es lo que siento. Ahí estoy, metido a patadas entre los renglones, arañando las paredes mientras caigo en un pozo sin fondo.

 


Nicolás Méndez (Argentina, 1972) nació en la ciudad de Buenos Aires. Estudió música y periodismo. Desde el año 2009 es baterista del legendario grupo de rock argentino Virus; también ha tocado y grabado discos con bandas como Zanahoria, Piel de Tortuga, entre otras. En 2014 obtuvo el Premio Equis de Novela con la obra Cómete a ti mismo.

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