Exorcismos de Iván Humanes

Todo lo que leemos tiene un nacimiento y una matriz. En este espacio, narradores y narradoras de Iberoamérica nos acercan al proceso de creación de su obra más reciente,...

Todo lo que leemos tiene un nacimiento y una matriz. En este espacio, narradores y narradoras de Iberoamérica nos acercan al proceso de creación de su obra más reciente, enlazándonos con la formación de la criatura que alguna vez llevaron dentro de ellos.

 

2015 tapa humanesLengua de orangután | Editorial Base | 2015

 

Sigo a pies juntillas a Boris Vian cuando decía eso de que “toda la fuerza de las páginas de demostración que siguen procede del hecho de que la historia es enteramente verdadera, ya que me la he inventado yo de cabo a rabo.” Es decir, construir a partir de la ficción y que las costuras entre lo que se pretende “fantástico” y lo “real” no se noten. Que no pueda establecerse una diferenciación ni otro plano diferente; sino que todo forme parte de la misma unidad. Ya con Los caníbales, mi anterior libro de relatos, se daba esa máxima. Y me molesta tener que explicar este concepto pues yo no disocio una y otra cosa en el momento de escribir, ni siquiera fuerzo que lo fantástico asalte a lo real; todo es parte de la espiral narrativa y no puedo pensar ni por un segundo siquiera que sean cosas diferentes. Lo primero es la historia. Sin programación. Es evidente que la idea que sobreviene se ha forjado durante un tiempo, inconscientemente, abonando el terreno para que un día surja y uno se pregunte mientras toma el café con leche por la mañana: “¿y qué tal si un orangután, un experimento franquista para acumular saberes humanísticos, es nombrado miembro de la Real Academia?” Y luego uno sonría, acabe el café, friegue la taza, se rasque la cabeza y diga que sí, que vale, que es bastante obvio lo del orangután, que orangutanes hay muchos pero que no lo saben y que la historia puede servir de disparadero creativo. Y de juego. Y si sobreviene el juego en la escritura, todos felices; porque sin diversión ni broma ubuesca no hay aliciente; no merece la pena.

¿Cómo hacerlo? ¿Cómo desarrollar la historia? Para Lengua de orangután quería combinar la trama esbozada racionalmente con la escritura sin dirección, automática, desligada de convencionalismos y de corsés narrativos; así que hice las descripciones de los capítulos en un par de líneas, calculé más o menos su extensión y pensé con calma en los personajes. Sí que necesitaba un personaje principal definido, que tuviese una evolución personal (¿”evolución animal” no sería más correcto?) durante la novela. Y surgió para ello el orangután Helmut Otto. Tenía que justificar claramente los motivos de Otto, el nuevo miembro de la Academia. Cuáles eran sus orígenes, qué lecturas frecuentaba, qué opinaba del mundo literario y académico, qué relaciones podían establecerse entre el animal y la persona, las felaciones en el poder, las instituciones y el mercadeo cultural… Tampoco fue complicado; en cierto modo Otto se acerca mucho a mi manera de pensar la literatura. Sin duda mucho más el Otto del final de la novela que el Otto del inicio. Y creado el personaje principal necesitaba un antagonista, su contrario; qué es lo que rechazaba Helmut: la personalidad egocéntrica y lamentable del escritor llevada a máximos. O a mínimos. Más tarde una compañera de viaje para Helmut que encarnara los ideales de la belleza literaria (Emma Bovary) y unos seguidores acérrimos y estúpidos para Mongoy. La trama proyectada tenía nuevos invitados y acabé de esquematizarla con la introducción de los personajes, idas y venidas, enfrentamientos y adhesiones. El esquema final sumaba dos páginas. Ahí tenía el motivo principal de cada capítulo y la interacción de los personajes. Fin. Con ello finalizaba la molesta tarea de saber hacia dónde se va y comenzaba la parte más compleja de la novela: el tono.

La voz narrativa es lo más importante. Puede narrarse cualquier cosa. Si el tono es el apropiado ya ha conseguido mucho, casi todo. Y aquí sí que no tengo fórmulas. Nadie dudará si aquí citamos a Kafka, Bernhard, Müller, Cortázar, Coetzee o Beckett, por citar algunos, que estos escritores son voz, su tono es único, exclusivo. Es reconocible su narrativa en cualquier momento. Es por eso que, como lector, más que historias con hechos preclaros y tramas lúcidas, lo que busco es esa voz diferente, ese tono que me haga participar de otra forma en la narrativa. Ver las cosas desde otro lugar. Y es por ello que historias contadas (aunque lo estén bien) pero que no añadan esa chispa luminosa me interesan poco, o si las leo luego no soy capaz de recordar a sus autores. Entonces, sin pretender absolutamente nada, lo que hay que intentar es conciliar el tono con la historia. Buscar hasta encontrar la cadencia precisa (¡o imprecisa! ¡Muerte al lirio!). Los hechos no admiten una interpretación plana y una narración aséptica. Y no lo admiten porque hacerlo de esa forma es falsear, pretender fotografiar lo que se ve y prescindir de lo más importante: lo que no se ve. ¿Cómo conseguir el tono? Probando. Se trata de conseguir el primer párrafo ajustado a cómo quiere uno explicar la historia. Hacerlo una y otra vez, hasta dar con la voz narrativa. Una vez conseguido pasar al ataque.

Lengua de orangután se gestó durante un año, la idea previa, sus ramificaciones, la preparación para la escritura y la seguridad en el tono narrativo. La escritura de la novela pudo durar un mes o mes y medio, un par de horas o tres cada día. La publicación un año o algo más tras la presentación a la editorial. No necesitaba mucho más que escribir libremente y jugar, sabiendo más o menos dónde irían los personajes pero sin desechar nada, sin apartar el automatismo, sin otra pretensión diferente que tomar la convención literaria como un ejercicio lúdico; higiénico incluso. No está mal de vez en cuando limpiar los retretes literarios. Pero como en este país (Spain) eso parece imposible porque hay voluntades políticas entremezcladas con prácticas culturales y viejos críticos y afines a unos grupos literarios y no a otros y cada uno tiene una casita cochambrosa que defiende con su vida y luego hay malos malísimos que van de duros, de críticos duros, los Risto Mejide de la crítica, y otros instalados en el realismo forever; pues no está mal jugar con ello, hacer una pelota de papel con todo ello y lanzar unos cuantos tiros a la canasta. En cualquier caso, participar en la fiesta de la confusión.

Se da la feliz casualidad de que Boris Vian (de nuevo lo traigo porque es importante en la novela y para mí) fue Sátrapa del Colegio de ‘Patafísica y que, precisamente, la fundación de dicho Colegio vino dada como burla a los colegios profesionales y academias del arte, que Alfred Jarry y su ciencia paródica también estaba en mi pensamiento durante la escritura de la novela, como siempre ha estado. Jarry y Arrabal, y Vian y Vila-Matas, y el OULIPO y Queneau o Baj. Desde esa posición, la parodia y el juego con-sentido, está construida Lengua de orangután. Como una posible solución imaginaria a las instituciones culturales. Y en todo ello y como colofón había otro elemento que me parecía interesante: añadir ilustraciones al texto. Para ello se lo envié a Susana Pozo y le dejé interpretar libremente su visión de Helmut y demás, con la intención de que el conjunto fuese una nouvelle completa, compacta, acentuando esa idea de disparadero creativo y de juego constante. De artefacto aparentemente inofensivo pero con profundidad hiriente.

Y cierro con una sentencia de Jarry, clara y zen como la muerte, que sirve para estos menesteres literarios: “No sabemos crear de la nada pero podríamos hacerlo desde el caos”. Pues eso mismo.

 


Iván Humanes (España, 1976) ha publicado los libros de relatos La memoria del laberinto (2005) y Los caníbales (2011), con el que fue finalista del premio Setenil al mejor libro de relatos publicados en España, la novela La emboscada (2010), y en coautoría los volúmenes Malditos: la biblioteca olvidada (2006) y 101 coños (2008). Recientemente ha publicado la novela Lengua de orangután (2015). Premio de relato Ciudad de Jerez, El Fungible o el MADTerror Festival 2014, entre otros. Guionista del largometraje Vestigis. Forma parte del consejo de redacción de Quimera. Revista de literatura.

CATEGORÍAS
El feto que tuve en el vientre

TAL VEZ TE INTERESE