Exorcismos de Liliana Colanzi

Todo lo que leemos tiene un nacimiento y una matriz. En este espacio, narradores y narradoras de Iberoamérica nos acercan al proceso de creación de su obra más reciente,...

Todo lo que leemos tiene un nacimiento y una matriz. En este espacio, narradores y narradoras de Iberoamérica nos acercan al proceso de creación de su obra más reciente, enlazándonos con la formación de la criatura que alguna vez llevaron dentro de ellos.

 

2014 tapa colanziLa ola | Montacerdos | 2014

 

Tengo familiares que aseguran poder comunicarse con seres de otros mundos. Uno de ellos cuenta que lo abdujeron los extraterrestres en su infancia cuando paseaba al lado del río, otro ha visto naves espaciales descender en la selva amazónica (esa escena inspiró “Meteorito”, el penúltimo cuento de La ola). Yo nunca he tenido contacto con platos voladores, pero concibo la escritura como un portal hacia lo desconocido. Cuando una escribe convoca ciertas energías, y eso que está en el aire por lo general acude a tu llamado. Así que hay que tener coraje para recibir aquello que se conjura. Hay que ser paciente, porque descubrir su verdadera forma puede tomar meses o años, y el camino que conduce a ese resultado final está hecho de pura oscuridad.

Algunas personas dicen escribir cuentos en los descansos entre una novela y otra, o a manera de “soltar la mano”. A mí no me sucede. Cada uno de los cuentos de La ola me tomó varios meses de asimilar experiencias difíciles. Conocí la selva. Conocí los hospitales.

El relato “La Ola” llegó a mí de una manera muy curiosa. Rosa Damiana Cuajira, la cholita adolescente tocada por la gracia, existe: su verdadera historia me la contó una noche húmeda de verano un taxista evangélico que me llevaba del aeropuerto a casa, mientras yo me esforzaba por tomar notas en mi libreta en la oscuridad del taxi. El hombre incluso me dio la fecha exacta del fin del mundo, que ya olvidé, pero que debió haber sucedido en algún momento de 2012.

Los suicidios de estudiantes, la nieve intensa, la enfermedad mental, son parte de mi experiencia durante los primeros meses estudiando en Cornell. La idea de “Alfredito” nació en una temporada de insomnio después de visitar el consultorio de una mujer que practicaba hipnosis en Madrid. Más tarde le envié el cuento en agradecimiento, pero me escribió desconcertada: no entendía qué tenía que ver la historia con lo que sucedió durante la sesión de hipnosis.

Algo que no he contado antes es que rezo antes de escribir. “Oh, Señor, ahora soy una vulgar empanada, hazme una mística, de inmediato. Dios lo puede conseguir –hacer místicos a partir de vulgares empanadas”, anotó Flannery O’Connor en su diario. Y a una amiga: “La ficción es la expresión concreta del misterio – un misterio vivido”. Atisbar ese misterio es a lo que aspiro. Así que rezo para olvidarme de mí, para dejar de ser una vulgar empanada y poder sintonizar, aunque sea por un segundo, la música de las altas esferas

 


Liliana Colanzi (Bolivia, 1981) nació en Santa Cruz de la Sierra. Es coeditora de la antología de no ficción Conductas erráticas (2009) y autora de los libros de cuentos Vacaciones permanentes (2010) y La ola (2014). Sus relatos y artículos han aparecido en diversas antologías y revistas. Actualmente cursa un doctorado en literatura comparada en Conell University (Nueva York). Ha curado también la compilación de cuentos Mesías (2013) para el proyecto editorial Traviesa.

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