Memorias de Verónica Rojas Scheffer

¿Alguna vez te preguntaste qué llevó a tus autores favoritos a convertirse en seres que solo consiguen leer y escribir? ¿Qué sucedió para que una persona común se transformara...

¿Alguna vez te preguntaste qué llevó a tus autores favoritos a convertirse en seres que solo consiguen leer y escribir? ¿Qué sucedió para que una persona común se transformara en un hacedor de palabras y vividor de certámenes literarios? En este espacio son los propios autores quienes rememoran y nos cuentan acerca del momento en que la literatura irrumpió en sus vidas sin pedirles permiso.


Me hubiera gustado poder contar una primera vez impetuosa, apenas contenida dentro del calor delirante de la siesta, acorralada por elefantiásicos árboles de mango. Puedo imaginarme describiéndola, impregnando el papel con ese espeso jugo amarillo, con el dulzor casi nauseabundo de su aroma. Yo apenas adolescente, la curiosidad por el mundo golpeando fuerte desde adentro, abriéndose paso dolorosamente a través de las entrañas. Cuando eso, pasábamos el verano en la estancia de mi abuelo, al sur. Siestas interminables entre mangos, parrales, perros, primos y los hijos del capataz de turno. Montando, jugando a las escondidas, colgándonos de los árboles para alcanzar las frutas maduras, absolutamente todas permitidas. Lecturas febriles de Poe, Verne, Twain y la revista Selecciones. Vuelo rasante de lectora primeriza hacia Roa, el inaccesible. Curiosidad y miedo, miedo y ganas, ganas de probar. Probando escribir un cuento que pudiera sostener el peso enorme de esos veranos, el eterno comienzo de las vacaciones, el ocaso de la niñez tiñéndonos las mejillas quemadas por el sol.

Pero no; cuando conseguí escribir ese cuento, definitivamente ya no era el primero. Quizá el más consciente en la intención de escribir un cuento, pero de ninguna manera puede ser calificado como la “primera vez”. Esta vez, mi memoria me traiciona en contramano.

Lastimosamente, tampoco puede decirse primera vez a la culminación lánguida de aquellas tardes de música dark, oscurecidas a propósito mediante cortinas y ropa negra. Vaqueros negros, uñas negras, actitud de nada me importa y todo lo puedo. Todo, excepto olvidar algún amor cuasi platónico, elegido solamente por las ganas de experimentarlo y saberlo complicado de antemano. Los primeros tragos de alcohol. Incienso, humo, pastillas para la garganta y versos escritos en inglés, concebidos quizá luego de cópulas monstruosas entre letras de The Cure y poesía latinoamericana dentro de mi cabeza.

Purgando la primera decepción amorosa con poesía oscura: qué excelente primera vez hubiera podido describir. Podría haberme detenido renglones y más renglones en los detalles werthéricos de aquel mundo tan tristemente hermoso, tan lejanamente grande. Y una vez más, una conciencia que no sabía tan quisquillosa me obliga a confesar que no, que esa no es.

Y entonces toma forma la verdadera, la quizá deslucida pero real primera vez. Aquellos labios temblorosamente pintados de la maestra de cuarto grado, señorita rondando los 60 años. Esos labios sonriendo, mostrando los dientes perfectamente falsos del paladar. El pelo corto, teñido de rojo, los rulos rebotando ligeramente con el asentir de la cabeza. Esa satisfacción infrecuente, o por lo menos escasamente demostrada, que agigantaba aún más la hazaña de la sonrisa conseguida. Yo no podía más de felicidad, es más, no podía creer que mi texto le gustara a la maestra.

Esta tiene que contar como la primera vez: mi relato se llamaba, creo, “La lluvia”. Tenía nueve años, y había leído Platero y yo por lo menos diez veces.


Verónica Rojas Scheffer (Paraguay, 1977) nació en Asunción. Ha participado en los volúmenes colectivos Primera cosecha (2001), Nueva cosecha (2002) y Siembra y cosecha, en sus ediciones 2003 y 2004. En el año 2002 publica junto a los narradores Acosta Gallagher, Ramírez Biedermann, Pereira y Volpe el volumen de cuentos Galería de ángeles y demonios. Es también autora del libro de relatos Tierra menguante (2010). Parte de su obra fue traducida al portugués como parte de la muestra Sete culpados, e seus cúmplices. Narradores latinoamericanos (2013), coordinada por Rosario Lázaro y Salvador Luis para la revista In-Traduções.

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