Memorias de Doménico Chiappe

¿Alguna vez te preguntaste qué llevó a tus autores favoritos a convertirse en seres que solo consiguen leer y escribir? ¿Qué sucedió para que una persona común se transformara...

¿Alguna vez te preguntaste qué llevó a tus autores favoritos a convertirse en seres que solo consiguen leer y escribir? ¿Qué sucedió para que una persona común se transformara en un hacedor de palabras y vividor de certámenes literarios? En este espacio son los propios autores quienes rememoran y nos cuentan acerca del momento en que la literatura irrumpió en sus vidas sin pedirles permiso.


En esta historia no hay tías solteronas, porque ellas no vivían en el mismo país. Tampoco una necesidad de leer y escribir cartas, porque la correspondencia con la familia que, a su vez, también había emigrado, era nula.

Sí hay un padre que aprovechó la fascinación de un niño por los vaqueros, los tiros, la aventura, la ley del más fuerte, la admiración por los antihéroes, para que leyera.

Al niño le gustaba una serie, que en Venezuela se tituló Centenario. A partir de la trama de un cazador de pieles que se internaba en el salvaje Colorado se desarrollaba la historia de colonización de un territorio que contenía el imaginario del oeste norteamericano.
—¿Quieres leer el libro del que sale esta serie? —preguntó el padre.
El niño dijo que sí y el padre le dio La saga del Colorado, de James Michener: dos volúmenes en rústica, con unas mil páginas en total.
El padre lo revisó y le dijo:
—Lee a partir de aquí.

Se había saltado un par de cientos de páginas, para llegar hasta donde había comenzado la adaptación. Atrás quedó la historia geológica y biológica que había novelado el autor, en uno de esos alardes totalizadores que caracterizaron casi todas sus obras.

Durante varios días, el niño tuvo el primer tomo encima de su equipo de sonido, donde escuchaba rock en español que emitía Radio Difusora, mientras jugaba a los deportes o la guerra. El libro desapareció de allí. Lo buscó y lo encontró en la mesilla del padre. Lo volvió a dejar en su lugar, pero al día siguiente ya no estaba. Y así muchos amaneceres.

Quizás fuera el riesgo a perder una recién adquirida posesión lo que condujo al niño a esa página señalada por el padre para comenzar la lectura. Quizás fuera que la emisión televisiva semanal de la novela de Michener fuera insuficiente. La cuestión es que el niño comenzó a leer.
Una vez descubierto, el padre le aconsejó:
—Lee al menos treinta páginas cada día.

Y de cinco en cinco, al cabo de las semanas, el niño consiguió el objetivo de crear rápidas imágenes a partir del texto. Al llegar a la última página buscó las primeras que habían sido pospuestas. Y después encaró el segundo tomo.

Así leí por primera vez. Y así también los libros de la biblioteca paterna sustituyeron a la familia perdida en la diáspora.


Doménico Chiappe (Perú, 1970) se crió en Venezuela, donde ejerció como reportero, y desde 2002 vive en España. Es pionero en el ámbito de la literatura multimedia con la publicación de obras como Tierra de extracción (2000; 2007) y Hotel Minotauro (2013). Ha publicado, entre otros libros, las novelas Tiempo de encierro (2013), Entrevista a Mailer Daemon (2007) y el ensayo Tan real como la ficción. Herramientas narrativas en periodismo (2010). Como editor ha compilado la antología Huellas en el mar. Narradores latinoamericanos en España. Sitio web: http://domenicochiappe.com

Foto: Linda Ontiveros

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