“Krysten”, por María Auxiliadora Balladares

Para Alicia   El estado de descomposición del cadáver nos permitió determinar a simple vista que llevaba mucho, demasiado tiempo sin ser descubierto. Los primeros resultados arrojados por los...


Para Alicia

 

El estado de descomposición del cadáver nos permitió determinar a simple vista que llevaba mucho, demasiado tiempo sin ser descubierto. Los primeros resultados arrojados por los exámenes del laboratorio de criminalística determinaron que la mujer había muerto hacía tres años y que durante todo ese tiempo el cuerpo había permanecido echado en la cama de ese departamento ubicado en el sótano de un edificio. Las sábanas eran de color verde y, por la capa de polvo acumulada sobre ellas, dedujimos que no habían sido tocadas durante un tiempo considerablemente largo. La televisión estaba encendida. Todo parece indicar que estuvo encendida durante tres años. La fecha de caducidad de la mayor parte de la comida en la refrigeradora indicaba el año de 1999. El 12 de noviembre de 2002 fue descubierta por una simple casualidad: una tubería rota en el piso que sigue al sótano provocó una inundación que llamó la atención de vecinos de casas contiguas. Fue necesario que los bomberos rompieran la puerta para poder ingresar al lugar, ya que ésta se encontraba herméticamente cerrada.

Llama la atención que nadie se haya percatado, durante todo ese tiempo, de la ausencia de esta mujer, cuyo nombre, luego se determinó, era Krysten Goodman. De origen jamaiquino, llegó a los Estados Unidos en 1996, cuando contaba con 28 años. Algunos de sus parientes cercanos viven, hasta el día de hoy, en Filadelfia, Nueva York y Detroit. Al parecer, ciertos hábitos de Goodman habían hecho creer a sus familiares que había abandonado Pittsburgh de forma definitiva, sin dar explicaciones a nadie y sin dejar referencias de la nueva ciudad en la que se instalaría. El movimiento de sus cuentas bancarias fue casi inexistente durante estos tres años —a excepción del débito automático de los servicios básicos del departamento, realizado una vez al mes por las respectivas compañías proveedoras— por lo que, momentáneamente, ha quedado descartada cualquier sospecha de perjuicio.

Según las investigaciones realizadas hasta el momento, contamos con los siguientes datos. En la década de los ochenta, más concretamente en 1986, Krysten Goodman, entonces de dieciocho años, abandonó Kingston para realizar un viaje por Europa que duraría alrededor de dos años, durante los cuales decidió no mantener contacto con ningún pariente. Aunque este dato no ha sido confirmado, la sospecha de la familia es que ese viaje lo realizó con un hombre del que hasta ahora no se ha podido recoger ninguna información. Al regresar a Jamaica, en 1988, consiguió un trabajo en una cadena hotelera y, tres años después, viajó a Cuba donde permaneció hasta 1996, año en el que viajó a Pittsburgh.

Durante su permanencia en Cuba, nos ha informado su padre, John Goodman II, con quien hemos establecido contacto vía telefónica, apenas envió tres cartas. La última de ellas informando su decisión de viajar a Estados Unidos y pidiendo a su padre autorización para instalarse en un departamentode su propiedad, aquí en Pittsburgh, el preciso lugar en el que hemos encontrado sus restos. Al llegar obtuvo trabajo en un restaurante, con toda la documentación en orden ya que tenía la ciudadanía por ser su padre estadounidense. Vivió sola en el pequeño departamento ubicado en el sótano de un edificio de los años cuarenta, en Lawrenceville, barrio obrero del norte de la ciudad. Hemos confirmado que la propiedad está a nombre de su padre, quien mantiene su residencia en Kingston hasta el día de hoy. Debemos esperar al menos dos semanas más por los resultados de nuevos exámenes de laboratorio que nos darán luces sobre la causa de su deceso. Nos resultó imposible sacar conclusiones determinantes en el lugar en el que fue encontrada Goodman, con respecto a su muerte y a los motivos de la misma. No se puede anticipar nada.

Al parecer, Goodman no tenía relaciones cercanas con nadie. No se le conocía una pareja o amigos íntimos. Al inspeccionar el sótano observamos que vivía con absoluta sencillez. Más allá del televisor y la refrigeradora, no encontramos otros artefactos electrónicos. Algunas revistas encontradas al pie de la cama han sido revisadas. Nada de particular se ha encontrado en ellas, como nada de particular en los documentos que fueron hallados, asimismo, en diferentes lugares del departamento. Algunas fotografías conservadas en un sobre manila en el cajón de una cómoda confirman la versión de la estadía de Goodman en Europa y en Cuba.

Hemos interrogado a quienes fueron los últimos empleadores de Krysten Goodman en Pittsburgh. Las investigaciones siguen su curso natural.

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Tengo que sacar la funda de basura, pero ahora hace mucho frío. Mañana me levanto temprano, antes de las ocho para que no se me pase el recolector. Desde ayer empezó a oler mal. Sé que me estoy olvidando de algo, pero no logro recordar qué es. Qué molesto acostarse con esta sensación. Como ayer, que sabía que me había olvidado algo en la casa y me di cuenta de que se trataba del pase sólo cuando me acomodé en el asiento del bus. En buena hora tenía unas monedas en el bosillo. Hace frío, mierda. Ese frío de adentro, del hueso. Estoy cansada. Voy a encender el televisor a ver si me llega el sueño por algún lado. Dormir y soñar en la ciudad más fea del mundo. Ésta no es una invención mía. Fue una actriz italiana quien dijo que ésta es la ciudad más fea del mundo. Quizás debería apagar el televisor y ponerme a leer y así conciliar el sueño. Voy a poner todos los seguros a la puerta, por si acaso. Me ha provocado una sensación desagradable enterarme que hoy comenzaron a demoler el estadio. Qué extraño. Un edificio tan grande, en tan buenas condiciones. Es como pensar en la muerte repentina de un conocido. Me da un poco de miedo pensar en esa demolición. Sabrá Dios qué nueva mole levantarán en ese espacio. Ya, deja de pensar, Krysten, duérmete, calla de una vez, deja que te llegue el sueño.

Mañana debo levantarme temprano para sacar la basura, mañana debo levantarme temprano para sacar la basura, mañana debo levantarme temprano para sacar la basura…

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John Goodman II es hijo de la clase media pujante que surgió en Pittsburgh con la industria acerera en la primera mitad del siglo XX. Su padre, un hombre emprendedor, adquirió con los años algunas propiedades en la ciudad. Entre ellas un local comercial de 3.000 pies cuadrados en el centro, sobre la Quinta Avenida, así como un pequeño edificio de departamentos ubicado sobre Liberty Avenue, en el barrio de Lawrenceville, y una casa de dos pisos en la calle Fairmount, en el barrio de Friendship. Motivado por ciertas lecturas, John estudió artes dramáticas en la Universidad de Pittsburgh, lo que lo vincula a una de las leyendas urbanas de la ciudad. Según ésta, el fantasma de Eleonora Duse, la actriz italiana, pena en el edificio donde ahora funciona el William Pitt Student Union. La universidad compró ese edificio en 1956. Hasta entonces ahí funcionó un hotel, el Schenley, en el que se hospedó la Duse cuando llegó a esta ciudad en abril de 1924. En las primeras décadas del siglo XX proliferó la construcción de grandes edificios en el barrio de Oakland, en Pittsburgh: cuatro meses después de la llegada de la Duse a la ciudad, verbigracia, se inició la construcción del Pitt Stadium (que sería derrumbado en 1999) a unas pocas cuadras del Schenley, y, dos años después, en 1926, se inició la construcción de la Cathedral of Learning, en el terreno frente al mismo hotel. Desde la ventana de la suite de la Duse, en el quinto piso, se podía ver un edificio (que sería derrumbado en 1991), el Syria Mosque, lugar en donde su compañía presentó la obra La puerta cerrada de Marco Praga. Cuentan los biógrafos de la Duse que ella cruzó la calle desde el hotel hasta el Syria Mosque, dos horas antes de que empezase la función, pero la puerta por donde ella debió haber entrado, irónicamente, estaba cerrada y durante los minutos que esperó hasta que alguien le abriese cayó un aguacero de esos que caen con frecuencia en el mes de abril (y el resto del año) en Pittsburgh. La Duse se empapó. Aunque esa noche se presentó y deleitó al público, regresó a su hotel muy enferma y no volvió a salir viva de ahí. Su delicado sistema respiratorio no resistió la influenza. Unos días antes del triste suceso, cuentan también sus biógrafos, le confesó a una amiga cercana que no quería morir en esa ciudad tan fea, la ciudad más fea del mundo. En contra de la que fue su voluntad la actriz se convirtió en una de las muertas más ilustres de Pittsburgh. John Goodman II cuenta que siendo él un estudiante de teatro en la universidad, después de una fiesta, bien entrada la noche, vio al fantasma de la Duse caminar por los pasillos del William Pitt Union. Él la siguió un trecho, pero le dio asco oír la tos llena de flema de la mujer, le dio pena ver aquel rostro condenado, le dio miedo el fantasma. En seguida desistió de la empresa infame de perseguir a una muerta. Desde entonces, le cuenta esa historia a quien quiere escuchársela. Se la contó a su hija Krysten. De pequeña, acostada en la cama de su cuarto en Kingston, ella le pedía que le contase una historia antes de dormir, como hace todo niño. Él a veces optaba por la de esa actriz que murió en Pittsburgh hacía tanto tiempo. Se la contaba y la repetía hasta que le llegase el sueño, cosa que a la niña a veces le costaba un tanto. Goodman, echado al lado de su hija, muchas veces tuvo que hacer un gran esfuerzo por no dormirse antes que ella.


María Auxiliadora Balladares (Ecuador, 1980) nació en la ciudad de Guayaquil. Actualmente cursa estudios de doctorado en literatura hispanoamericana en la Universidad de Pittsburgh. Su interés académico gira en torno a las varias expresiones de lo común en la poesía hispanoamericana del siglo XX. Es también autora del libro de cuentos Las vergüenzas (2013).

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